
Los piratas eran saqueadores independientes que atacaban barcos por beneficio propio al margen de la ley.
En contraste, los corsarios eran marinos mercenarios contratados por un Estado mediante una patente de corso; asaltaban solo las naves enemigas de su corona a cambio de compartir el botín.
La diferencia principal entre ambos radica en la legalidad: los piratas eran delincuentes que robaban por cuenta propia para su propio beneficio, mientras que los corsarios eran mercenarios contratados por un gobierno mediante una "patente de corso" para atacar embarcaciones enemigas de forma legal.
Cartagena de Indias: fortaleza y blanco del saqueo
Durante el siglo XVI, Cartagena fue uno de los puertos más importantes del Imperio español, punto de salida del oro y la plata hacia Europa. Esa riqueza atrajo ataques constantes:
Francis Drake (1586): El corsario inglés atacó Cartagena con una flota de más de 20 barcos y 3 000 hombres. Saqueó la ciudad durante un mes y exigió rescate para retirarse. Este hecho marcó el inicio de una política defensiva más fuerte en la región.
Henry Morgan y otros piratas del Caribe también intentaron incursiones, aunque sin éxito total debido a las fortificaciones españolas.
Estos ataques impulsaron la construcción de murallas, baluartes y fuertes, como el Castillo de San Felipe de Barajas, símbolo de la resistencia cartagenera. La defensa se convirtió en modelo militar para otras ciudades coloniales del Caribe.